Fear is only in our minds
Entre abrió la puerta todavía con los ojillos cerrados y algún que otro bostezo en su pequeña boca, se escondió sigilosamente como lo había hecho la tarde antes mientras jugaba al escondite detrás del marco, pero dejando pasar una clara luz que salía de una de las grandes lamparas del salón.
Alcanzaba a ver a Mamá, sentada en algo que suponía que era el sofá de la entrada.
Parecía estar triste, tan triste como se sintió él cuando murió Pitu, su perro cocker que tenía esas orejas tan largas y marrones, que le lamía todas la mañanas los dedos de los piés para despertale y que le había dado durante estos cinco años la felicidades por su cumpleaños con un sonoro ladrido..
Pero parecía que ella lloraba más de lo que Carlitos lo hizo al morir su pequeña mascota.Podía notarse cierto color morado recubriendo un ojo izquiero que parecía algo hinchado, y las lágrimas resbalaban desde sus azulados ojos hasta el camisón rosa pálido.
Carlitos salió corriendo de su habitación, y tras cruzar el largo pasillo con los pies descalzos, entró en la cocina y apoyó una de las sillas en la estantería blanca con pegatinas de dinosaurios.
Comenzó a rebuscar en una especie de cesta (la cual mamá nunca le dejaba coger) y cuando al fin dio con lo que buscaba,sus ojos ya más espabilados aún siendo altas horas de la mañana se iluminaron de alegría y satisfacción.
Saltó de la silla y volvió a recorrer el pasillo un bote en el que se leía 'aspirina'.
-¡Qué contenta se pondría mamá con Carlitos al ver que le traía lo que necesitaba para su ojo!.
-¡Y qué orgulloso se sentiría papá al ver que Carlitos podía valerse por si solo y ayudar a los mayores!
Justo iba a entrar al salón cuando vio a papá de pie, con la mano derecha levantada sobre la cara de mamá.
Un golpe.
Otro.
Otro.
Otro.
Mamá no lloraba esta vez, solo cerraba los ojos como esperando que pudieran volver a abrirse y despertar por fin de una mala pesadilla.
Carlitos, asustado por lo que acababa de ver, entró aterrorizado en el cuarto donde estaban sus padres y saltó sobre el regazo de su madre gritándole a papá que dejara de hacerle daño, que la culpa de haber roto aquel cuadro del abuelo unos días antes con una pelota había sido suya.
Papá miraba con odio a las dos personas que tenía delante, cogió a Elena del brazo tirando a su hijo al suelo y la estampó contra la pared haciendo caer la colección de muñecas de cerámica (aquella que Carlitos no podía tocar).
Carlitos oía gritar e insultar, oía que mamá no podía volver a desobedecer a papá, que no podía hacerle preguntas sobre nada..y también oía que él quería matarla como fuera a contarle a alguien lo que estaba pasando a altas horas de la madrugada en el número 13 de Gran Vía.
Ricardo golpeó a Elena esta vez contra la ventana, cogió un abrigo marrón, y se fue formando un estallido al cerrar la puerta de entrada.
Mamá miraba a Carlitos como si estubiera suplicándole que la perdonase...Pero las aspirinas ya estaban derramadas por el suelo, y dificilmente podría ser limpiado esa gran evidencia roja en el sofá,que salía tanto de la nariz como de la cabeza de ella, cada vez con más entusiasmo y rapidez.
